Todo lo que debes saber sobre la importancia del «período de apego»

Mar 13, 2020

Bebé ·

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El apego se ha considerado uno de los “descubrimientos” más importantes para el desarrollo humano. Así como tenemos que ayudar a nuestro bebé a formar su barrera inmunológica, también debemos preocuparnos de desarrollar su sistema psicológico y afectivo. Su manera de relacionarse con los demás comienza por el lazo que forma con su figura de referencia, por lo que ¡tienes una gran labor que cumplir!

Aunque existen muchas teorías que definen y marcan la pauta del periodo de apego, la principal y más reconocida es la del psicoanalista John Bowlby, su creador. Bowlby creía que la salud mental de los adultos se relacionaba directamente con sus experiencias y lazos durante la infancia. Los hallazgos del psicoanalista se utilizan hasta el día de hoy para explicar el origen de enfermedades mentales y la naturaleza de nuestras relaciones íntimas.

Qué es el período del apego

El concepto de apego en la teoría se refiere al instinto que tiene el humano de buscar la cercanía con su figura de referencia en momentos que se siente amenazado o percibe peligro en su entorno. Define el sentimiento que tiene un bebé hacia su cuidador. 

Según las investigaciones de Bowlby, formar un lazo de apego en nuestra infancia es algo innato de nuestra especie como en otras similares a la humana. Es decir, desde el parto los bebés vienen biológicamente programados para formar vínculos con los demás con el objetivo de sobrevivir.

Entre los 6 y 8 meses de edad, la teoría indica que empieza a aparecer el apego pues el bebé reconoce a sus padres. Se considera que un niño tiene apego si es proclive de buscar proximidad y contacto hacia cierta figura cuidadora específica cuando siente angustia, enfermedad, cansancio, miedo, entre otras emociones.

Las representaciones de apego configuran la manera en la que luego como adultos se sienten respecto a las tensiones de sus relaciones íntimas, y la forma en la que se percibe el yo.

La teoría de Bowlby establece que la unión del niño es generalmente con solo una figura principal de apego (monotropía), y esa figura generalmente la cumplía la madre. Estudios más modernos han sostenido que una red estable de adultos puede proporcionar una atención adecuada e incluso puede tener más ventajas que una madre sola satisfaciendo todas las necesidades del bebé.

Mi bebé y yo

Llevar esta teoría a la práctica no es fácil, pues no hay una pauta con reglas para seguir y así poder ayudar a que nuestro bebé desarrolle de mejor manera sus relaciones interpersonales cuando crezca. Sin embargo, cómo un cuidador responde a sus reacciones es crucial en la formación de la persona.

La respuesta por parte de la figura de apego ante la necesidad de protección del niño y la frecuencia o disponibilidad del apoyo generará cierta conducta en él: puede promover su independencia, exploración y seguridad, o tener consecuencias más perjudiciales como inseguridad, soledad o poca autonomía.

¿Cómo poder lograr que este vínculo afectivo sea sólido y positivo? Aquí algunos tips:

  • Experiencias de vinculación: acciones como cantarles, abrazarlos, besarlos, hacerles cariño, contacto visual durante la lactancia, etc. El contacto físico en general es lo que más logra transmitir cariño cuando son bebés.
  • Empatía: intentar demostrar que comprendes al bebé, ponerse en su lugar y tratar de entender qué les sucede o molesta, y transmitirles este sentimiento. Esto no significa tolerar cualquier pataleta.
  • Lactancia materna: se ha establecido como una actividad que entrega mucha seguridad, cariño y protección al bebé. Responde a sus necesidades ofreciéndole el pecho a demanda. La leche materna además es el mejor alimento que tu hijo puede recibir, y el amamantamiento es un momento importante.
  • Mantener la calma: ya sea en una situación de peligro, estrés o en el día a día, se recomienda no gritarles y, siempre que se pueda, mantener la serenidad.
  • Entregar autonomía: como todo en la vida debe ser equilibrado, hay situaciones en las que se les debe dejar solos para que logren formar su autoestima e independencia.

Formando el lazo

El vínculo de apego tarda unos meses en aparecer, y durante este tiempo adquiere variadas formas de expresión. La teoría de Bowlby establece cuatro fases de desarrollo del apego:

  1. Pre-apego: primeras seis semanas de vida. Acepta fácilmente a cualquier ser humano que le ofrezca comodidad o contacto físico, sin mostrar una preferencia clara por nadie en particular. 
  2. Formación del apego o apego indiscriminado: desde el mes y medio hasta los 7 meses de edad. Sonríe y sigue con la mirada a su madre (o cuidador) de forma más consistente que al resto de las personas. Aún no muestra ansiedad cuando se separa de ella, pero sí la reconoce.
  3. Apego discriminado: hasta los dos años de edad aproximadamente. Ya se formó el vínculo de apego propiamente tal. Busca la proximidad con su figura y la sigue. Empiezan a mostrar signos de rechazo a atenciones de personas que no conocen. Sienten ansiedad de separación cuando no están con su madre.
  4. Formación de relaciones recíprocas: A partir de los dos años de edad. Comienzan a ser capaces de desarrollar vínculos emocionales fuertes con otros cuidadores de su vida, además de con la figura de apego principal. El niño entiende que la ausencia de la madre no es definitiva. Predice su retorno, entiende la salida y el regreso y suele llorar menos en su ausencia.

Cuando ya se superan todas las etapas de vínculo de apego infantil se crea una relación sólida entre ambas partes, ya que el hijo siente la seguridad de que su madre o figura principal responderá en los momentos en el que la necesite, sin tener que buscar su contacto y aprobación de manera constante.

Tipos de apego

Hay diferentes relaciones de apego, las que pueden variar por la sensibilidad o insensibilidad parental que determina la seguridad o inseguridad en los lactantes. La sensibilidad parental es definida como la habilidad para percibir e interpretar correctamente las señales de apego de los niños y responder en forma adecuada.

Ainsworth fue un psicólogo que quiso investigar más acerca de la teoría de apego y diseñó una situación experimental para determinar si un niño tenía apego o no, y de qué tipo. A partir de su estudio estableció cuatro tipos de apego que puede desarrollar un bebé y cómo influiría en su futuro

  1. Apego seguro: el niño siente estrés cuando se va su cuidador y alegría cuando vuelve, sin embargo, se siente seguro y sabe que puede confiar en que volverá. Al crecer contará con la confianza suficiente para relacionarse con la sociedad de manera activa y suelen ser niños más curiosos y competentes.
  2. Apego inseguro o ambivalente: siente enojo y llanto exagerado cuando su figura de apego los deja solo, y cuando vuelve se enojan y hasta pueden ser agresivos con la persona, para luego aproximarse completamente. No confían en la protección de su cuidador y se sienten alterados cuando no reciben su atención. Puede causar dificultades de aprendizaje y hostilidad hacia otras personas cuando más grandes.
  3. Apego evasivo: no reacciona ante la ausencia de su madre, es como si fuera cualquier otra figura para él. Tampoco muestra emoción cuando vuelve. A la larga puede caracterizarse por ser antipático y no expresar sus emociones o sentimientos.
  4. Apego desorganizado: sus reacciones varían entre la ambivalencia y la evasión, no se sabe cuál es la conducta hacia sus padres. Parecen carecer de una estrategia para manejar el estrés de una situación. Suele llevar a problemas de conducta severos en un futuro.

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